Fierlicity- Happy Thanksgiving!
Siempre me ha gustado la tradición de Thanksgiving. La idea de reunirse con la gente a dar gracias por todo lo bueno que paso en el año me parece un gran concepto. De hecho, así como hay gente que dice “no solo el 14 de febrero debe de ser el día del amor, sino todos los días” (cosa que me da una roña infame, pero tienen un punto), también creo que todos los días habría que estar agradecidos por lo que tenemos, en particular por la gente.
Para mi primer Thanksgiving en Nueva York, nos dieron un puente de 4 días en la escuela. La mayor parte de mis amigos se fueron a sus casas, pero mi amiga Jessica, de Texas (quien por cierto maneja el “y’all” de manera magistral) se quedó en Manhattan y me invitó a cenar en su departamento. La concurrencia sólo consistió en ella, su novio, una de mis mejores amigas que estaba de visita de México, y yo. La mesa para cuatro no era de ninguna manera proporcional para la cantidad de comida que había preparado la anfitriona: pavo, ensalada de papa, ejotes envueltos en tocino, sweet potatoes, y pie de nuez. Y vino. Mucho vino.
Sorprendentemente no terminé en el estado de food coma al que tanto le temía y pude darme cuenta de la enorme suerte que tenia de estar ahí. No hicimos el show de ir alrededor de la mesa y agradecer en turnos, pero no hizo falta para. A mi izquierda, tenía a una niña con quien llevo más de dos décadas de amistad, literalmente. Enfrente de mí, otra a quien solamente llevo tres meses de conocer pero es una de las personas más lindas y talentosas que me he encontrado. Y a mi derecha, su novio, quien nunca se notó incómodo o aburrido al convivir con tres chismosas. Por el contrario, aportaba a la plática, ayudó a lavar platos, y contribuía como buen elemento masculino a la cena: cortando el pavo y poniendo el partido de la NFL para tener “música de fondo”.
En mi momento de epifanía cursi, me quedó muy claro que ya no tenía que preocuparme por las cosas que tanto me agobiaban hace unos meses como perder contacto con mis amigos de México, o qué la gente aquí no tuviera interés en hacer amistades (obligándome a pasar los siguientes 18 meses en la temida soledad neoyorkina de la que tanto hablan en los libros). Tardé un rato, pero comprobé que nada de eso tenía que pasar. Hay gente increíble por todos lados.
Con el fin del puente de Thanksgiving llegan las tres últimas semanas del semestre, lo cual me tiene un aterrada. Pero también empieza oficialmente el holiday season. Hay quienes se quejen de que la Navidad es la época más comercial del año, de que las reuniones familiares solo acaban en peleas y de que el Guadalupe-Reyes no trae mas que kilos extra y grandes pérdidas económicas. Pero no puedo negar que a mi me encanta. Me gustan las comidas familiares, el tomar cualquier cosa como excusa para juntarse a celebrar. Es más, hasta la pasaba bien en las fiestas navideñas oficinistas cuando trabajaba. Ahora me toca vivirlo aquí, y me emociona. Si algo hacen bien en N.Y. es celebrar Navidad.
Ya quiero ver adornos por todas partes y turistas abrigados para ir a tomar fotos al árbol de Rockefeller Center. Quiero comprar cafés de Starbucks en vasos rojos, y escuchar “All I want for Christmas is you” hasta no soportar más. Todos esos detalles son los que me hacen pensar: “no puedo creer que estoy aquí” y volver a dar gracias.
Cris.






soy fan de Fierlicity! happy holidays!